Deportes y comunicación

Por: Miriam Rizcalla de Cornejo

Involucrar a los hijos desde pequeños en el mundo del deporte, además de placentero y beneficioso para todos, contribuye, de ser bien aprovechado, a desarrollar una excelente comunicación con ellos.

Cuando mi hijo tenía apenas siete años descubrió, cual revelación mágica de la vida, el fabuloso mundo del deporte, hizo del fútbol su vida, su mundo, su todo.

No soy deportista y nadie en la familia lo es, por lo que a todos nos sorprendió su fascinación por el bendito balón. Conforme el tiempo pasó el fútbol nos unió, cada proeza realizada, cada gol anotado era un motivo para conversar y celebrar, así mismo cada mal golpe, cada gol que no entró, cada pérdida -porque las hay y muchas- también representó un momento de conversación, de dar ánimos, de seguir adelante…

En ese constante ir y venir detrás de la pelota, en todas sus prácticas y torneos de competencia había un mundo pleno de comunicación, de sentirse apoyado, animado, valorado, elogiado, fortalecida su autoestima, desarrollando día a día una capacidad increíble para comprender las altas y bajas, que así como en el deporte también se tienen en la vida, que en ocasiones los días parecen grises y llenos de pérdida y derrota, pero que el sol siempre sale para todos y como en el fútbol también se anotan muchos goles, es decir, también tenemos nuestros momentos gratificantes e inolvidables.

Compartir esos instantes de angustia, tristeza y felicidad inconmensurables junto a nuestros hijos no tiene precio y se graba en la memoria para siempre como episodios maravillosos que nada más recordar aflora una sonrisa en el rostro.

Como consecuencia lógica de todo lo anterior surge, sin mayor esfuerzo, casi sin pensarlo, un grado de comunicación como pocos pueden imaginar y que va más allá del deporte.

Todos los niños deben participar de una actividad, bien sea deportiva, musical o cualquier otra que les llene de entusiasmo, pero que estén involucrado en algo de su interés y nosotros como padres debemos invertir parte de nuestro tiempo en acompañarlos y apoyarlos en todo momento. El resultado de esa combinación no puede ser mejor: una maravillosa comunicación entre padres e hijos.

Hagamos que nuestra comunicación con ellos sea un gol, el mejor de nuestras vidas.

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